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jueves, 9 de julio de 2009

Beijing Chic conquista Paris





Miren quién está en París también!!! Todo el mundo adora París. Es la única ciudad que los extraterrestres se encargan de atacar justo antes de intentar invadir Whashington. Si cae destruida la Torre Eiffel es que la amenaza es global de verdad de la buena. Pues este verano tenemos corresponsal en la ciudad de la luz, del amor, de la caca de perro! Nuestro colaborador de vocabulario más preciso y mayor capacidad descriptiva disfrutará, de los encantos de esta carísima ciudad por su cuenta y riesgo porque todo el mundo sabe que: BEIJING CHIC NO PAGA DIETAS!

Fuente: The Superficial y Just Jared


martes, 23 de diciembre de 2008

La joven tenista


La joven tenista ejerce en elfarolero la misma seducción que los aventureros atezados que vuelven de los trópicos guardando un secreto extraño e incomprensible. La mira conmovido y sólo lee en ella una punta de iceberg en forma de diadema que esconde siete octavas partes de misterio y melancolía detrás de una piel pálida, casi cristalina. A veces acusa algún gesto de padecimiento, el estilo grave en sus ojos de avellana, una sonrisa tímida colgando de sus labios tumefactos…
Pero el hombre del farol sigue confuso, en su páramo roído por el sol, mirando pasar las palomas deslucidas, soñando con regalarle una piruleta de caramelo de fresa con forma de corazón

jueves, 11 de diciembre de 2008

El joven Tazio













Adelgazado por la tela oscura, el rostro fino y joven, recién afeitado, cuidadosamente rapado, el cuello italiano blanco y la estrecha corbata negra, con ese aire de Nazarín endomingado. Se apareció como era, es decir, muy guapo. Y comprendió entonces que la abuela amaba físicamente a su nieto, estaba enamorada de su gracia y de su fuerza, y que su debilidad por él era, después de todo, muy común. Esto contribuía a hacer el mundo soportable: se trataba de la debilidad ante la belleza.

El Farolero

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El negro os sienta tan bien






















Es un día claro de invierno. Una luz fría se recuesta sobre las tumbas del cementerio del Este. Entre la verticalidad de las lápidas medita un hombre: un periodista enfundado en un abrigo de paño negro con los cuellos volados. Tiene la expresión adusta y la cabeza encorvada. Sus manos largas están tostadas por el sol y sus gestos, suaves, transmiten sosiego.

Nació en Madrid, en el barrio de la universitaria, hace ya más de treinta años. Cree en el sol, en la obstinación y en el hombre. Es hijo de una artesana y un contable. Hasta ahora ha sido bien poca cosa: empleado de un agente marítimo, redactor en la sección de local de un diario en quiebra, trompetista de reemplazo. Acaba de recibir una noticia pésima: va a morir dentro de tres años. Por eso acude al camposanto a dejar caer allí su meditación:

“Para quien pierde su vida, nada hay donde aferrarse, y ningún lugar donde la melancolía pueda salvarse de sí misma”.

martes, 18 de noviembre de 2008

Gracias por fumar










Lo que más me gustaría ahora sería desaparecer. Escapar a otro lugar, mudar de recipiente, conquistar distintos amigos, nueva familia. Evaporarme de esta charca para que no puedan rastrear mis humedades en la caja de ahorros, ni en la agencia aseguradora, ni en la compañía distribuidora de luz. Aspiraría a rajar la ropa, dar de baja el correo electrónico, regalar los libros y hacer una hoguera con mis sillas Le Corbussier de piel de potro. Sería de valientes despuntar el bolígrafo, estrellar el utilitario contra el gimnasio y rasgar los inservibles títulos académicos. Dejar caer el televisor desde el balcón, pisar los cedés con las botas de montaña y sí, enviar a la papelera de reciclaje todas las copias de seguridad. Tendría su mérito. Bajaría de dos en dos las escaleras y saltaría el nombre del buzón con un destornillador. Con cada acción desanudaría un nudo de la trama de mi existencia y quedaría suelto, ligero, vacío de posibilidades… Me arrancaría mis virtudes como el que se arranca la piel a tiras.
He descubierto que la autodestrucción es una brillante forma de fracasar.



El Farolero