Bueno se acerca el cambio de estación y es muy conveniente que Beijing Chic recupere su libro de estilo. Como el equipo de escaneo está sorprendentemente activo y animado vamos a aprovechar ese archivo que tenemos y sacar a la luz pequeñas joyas como este reportaje de Vogue Italia. Fecha desconocida. Es lo malo del archivo, no está muy organizado que digamos.
Que Beijing Chic volviera a su actividad escaneadora era cuestión de tiempo. De tiempo, de fe, y de un poquito de infraestructura. Ya tenemos todo lo que necesitábamos y disposición nunca nos ha faltado. Y material nos sobra! Gracias al equipo técnico siempre tan pulcro y tan eficiente!
Es un día claro de invierno. Una luz fría se recuesta sobre las tumbas del cementerio del Este. Entre la verticalidad de las lápidas medita un hombre: un periodista enfundado en un abrigo de paño negro con los cuellos volados. Tiene la expresión adusta y la cabeza encorvada. Sus manos largas están tostadas por el sol y sus gestos, suaves, transmiten sosiego.
Nació en Madrid, en el barrio de la universitaria, hace ya más de treinta años. Cree en el sol, en la obstinación y en el hombre. Es hijo de una artesana y un contable. Hasta ahora ha sido bien poca cosa: empleado de un agente marítimo, redactor en la sección de local de un diario en quiebra, trompetista de reemplazo. Acaba de recibir una noticia pésima: va a morir dentro de tres años. Por eso acude al camposanto a dejar caer allí su meditación:
“Para quien pierde su vida, nada hay donde aferrarse, y ningún lugar donde la melancolía pueda salvarse de sí misma”.
La mañana era desapacible. Una ventisca de sulfatos sacudía las ramas de los árboles y subía la arena del suelo hasta estrellarla contra las paredes de la nave espacial. Cada sesenta segundos el aire se introducía por los conductos del aparato y arrastraba un sonido sibilante que parecía alcanzar todos los espacios del sector.
Sánder estaba desesperado. Se asomó con dificultad a la puerta de salida y selló los ojos para preservarlos del viento. El aire era fogoso, asfixiante, obstinado contra el armazón lateral. Sánder sorbió residuos de salitre y regresó adentro.
Aislado en ese planeta de sílice sólo cabía esperar. Sombrío, repasó con el sextante las rutas anteriores en el panel sinóptico. Despreció en silencio su suerte. Observó la cúpula. La atmósfera era sabulosa. El sol se ocultaba tras una gaseosa de partículas rojas y naranjas. Su resistencia supuraba un naciente desánimo.
Cuando en Vogue Italia hacen una sesión de fotos a una actriz las hacen con todas las consecuencias. Aquí está la labor titánica de scanear, retocar y marcar (jijii), una extensa e impactante historia de Peter Lindbergh.